Clasificación: R
Género: Songfic, Romance
Advertencias: Sexo explícito homosexual
Parejas: Frank x Gerard [Frerard]
Disclaimer: Este one shot fue hecho por mí, su propiedad intelectual me pertenece. Algunos personajes y/o nombres fueron inventados al igual que los hechos y la personalidad de los integrantes de My Chemical Romance y allegados. Cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia
Género: Songfic, Romance
Advertencias: Sexo explícito homosexual
Parejas: Frank x Gerard [Frerard]
Disclaimer:
Aclaraciones:
Negrita y cursiva: Partes de la canción
Cursiva: Pensamientos u otros
Negrita y cursiva: Partes de la canción
Cursiva: Pensamientos u otros
“Él pasa a verlo a las seis, como acordaron ayer…”
Sábado. Conducía su automóvil a toda velocidad para verlo. Iba tarde. Seguramente lo estaría esperando. Su esposa lo detuvo para amarlo, él como buen esposo cumplió, pero bien sabía que lo hacía sin el más mínimo sentimiento. Ella era buena, de eso no tenía dudas pero no lo suficiente como él. Ella era por placer. Él, él era por amor. Cada beso, cada caricia, cada roce despertaba sus más ocultos sentidos, haciéndolo sentir vivo.
¿Dónde estás? –pensaba él. Había pasado más de una hora esperándolo. Miraba a todos lados, miraba su reloj de vez en cuando fijándose la hora. No aparecía. No llegará. Sonó su celular. Muy desesperado y ansioso contestó. Estaba emocionado, pero se evaporó cuando escuchó la voz de su mujer recordándole volver a casa, que estaba preocupada. El muy fríamente le mencionaba que pasaría el día con la banda. Ella le dijo que lo amaba. Él se limitó a devolver el gesto con un insensible ‘yo también’.
Estacionó el auto y logró divisarlo. Allí estaba, hablando por teléfono. Supuso que con la mujer. Los celos lo invadieron, pero al ver el rostro inexpresivo de su amante una sonrisa se dibujó en sus labios.
— ¿Dónde mierda estabas? –Le reprochó
— Sí, estoy bien. Gracias ¿y tú?
— Gerard, es en serio. Jamia no para de llamar preguntándome donde estoy
— Perdón amor. Lindsey quería estar conmigo
— Ya sabes que odio que te toque. Odio que sea ella la que esté contigo y no yo
— Olvídate de eso ahora –tomó su rostro entre sus manos-, estamos los dos juntos, solo tú y yo –lo besó de manera tierna y apasionada. Él acariciaba sus manos, mientras el beso crecía y crecía… al igual que el bulto de sus pantalones
— Ya estamos aquí. No hay que esperar más. Entremos
— Pero la habitación… nos verán
— Ya hice la reservación –dijo Frank besando el cuello de su amante-. Además la recepcionista acaba de irse, el lugar esta para nosotros solitos. Aparte ¿desde cuándo te importa que nos vean? –inquirió sonriente
— Desde el día que me case –bajó la vista
— Vamos –tomó su mano y entraron
***
“…Y de nuevo en ese cuarto se desnudan piel a piel, se desgarran y se entregan a las ganas y al placer…”
— Te amo
— Yo más –le repitió entre besos jadeantes mientras lo cargaba a la cama
Este era el momento que habían esperado largo tiempo. Este era el momento en el cual podían ser ellos mismos, en el que podían amarse libremente sin tener que fingir, ni actuar, sin nadie que los viera.
Gerard lo recostó en la cama, mientras se deshacía de sus ropas. Friccionaba sus entrepiernas para sentir más esos endurecimientos. Frank se dedicaba a acariciar el pecho de su amante, saboreándose los labios. Gerard trazó un camino de besos desde el cuello a su entrepierna, donde yacía una evidente marca de excitación. Desabrochó el pantalón y bajó la cremallera lentamente, causando un gemido de ansia por parte de su amado. Sonrió al ver el rostro de Frank, que disfrutaba del roce de su mano con el tatuaje de “amistad”. Amaba ese tatuaje, era su preferido, sabía lo que significaba y apreciaba que lo haya hecho. Una hermosa muestra de amor y no de amistad como todos creían. Lo besó de manera cálida repetidas veces, deslizando su mano dentro del bóxer, llegando a donde quería. Comenzó a mover su mano pausadamente, lamiendo EL tatuaje. Sentía como lo disfrutaba, veía la expresión de placer en sus facciones. Aumentó el ritmo de su mano, metió el miembro en su boca relamiéndolo de la punta a la base.
— Gee… awwww…
— Shhhh… nos escucharan –rió y chupo el glande de su novio como una paleta
— Awwwww fuck –gemía él acariciando el cabello azabache de este.- Maldición, ¿Por qué eres…? Awwwww
— Mi manera de pedir perdón –sonrió y jugueteo con el pequeño agujerito del glande mientras se masturbaba
Gerard mordió suavemente su pene, causando un gemido sonoro de placer en Frank, salivó dos de sus dedos y los introdujo en él. Los movía lentamente, sentía como el ano de Frank se iba relajando, sus muslos se contraían, movía su pelvis. Gerard no dejaba de jugar con su miembro, subía y bajaba el prepucio de este; dejó de tocarse para satisfacerlo plenamente. Estimulaba su entrada con una y con la otra lo masturbaba rítmicamente. Frank gemía, tragaba saliva, se mordía los labios… Luego de un rato retorciéndose de placer jaló los cabellos de Gerard, mordiéndole el labio inferior al besarlo.
— Mi turno –se sonrió maliciosamente
Gerard lo recostó en la cama, mientras se deshacía de sus ropas. Friccionaba sus entrepiernas para sentir más esos endurecimientos. Frank se dedicaba a acariciar el pecho de su amante, saboreándose los labios. Gerard trazó un camino de besos desde el cuello a su entrepierna, donde yacía una evidente marca de excitación. Desabrochó el pantalón y bajó la cremallera lentamente, causando un gemido de ansia por parte de su amado. Sonrió al ver el rostro de Frank, que disfrutaba del roce de su mano con el tatuaje de “amistad”. Amaba ese tatuaje, era su preferido, sabía lo que significaba y apreciaba que lo haya hecho. Una hermosa muestra de amor y no de amistad como todos creían. Lo besó de manera cálida repetidas veces, deslizando su mano dentro del bóxer, llegando a donde quería. Comenzó a mover su mano pausadamente, lamiendo EL tatuaje. Sentía como lo disfrutaba, veía la expresión de placer en sus facciones. Aumentó el ritmo de su mano, metió el miembro en su boca relamiéndolo de la punta a la base.
— Gee… awwww…
— Shhhh… nos escucharan –rió y chupo el glande de su novio como una paleta
— Awwwww fuck –gemía él acariciando el cabello azabache de este.- Maldición, ¿Por qué eres…? Awwwww
— Mi manera de pedir perdón –sonrió y jugueteo con el pequeño agujerito del glande mientras se masturbaba
Gerard mordió suavemente su pene, causando un gemido sonoro de placer en Frank, salivó dos de sus dedos y los introdujo en él. Los movía lentamente, sentía como el ano de Frank se iba relajando, sus muslos se contraían, movía su pelvis. Gerard no dejaba de jugar con su miembro, subía y bajaba el prepucio de este; dejó de tocarse para satisfacerlo plenamente. Estimulaba su entrada con una y con la otra lo masturbaba rítmicamente. Frank gemía, tragaba saliva, se mordía los labios… Luego de un rato retorciéndose de placer jaló los cabellos de Gerard, mordiéndole el labio inferior al besarlo.
— Mi turno –se sonrió maliciosamente
Gerard sonrió y se recostó, Frank comenzó a consentirlo. Amaba el cuerpo de Gerard, era la cosa más perfecta que podría existir. Lamió cada centímetro de piel. Su cuello era su parte favorita, su debilidad. Lo mordisqueó un poco tratando de no dejar marcas, pero le resultaba imposible. Rozaba fuertemente sus miembros provocando gemidos de dolor y placer en Gerard. Restregaba su rostro en la entrepierna de él arrancándole el bóxer con los dientes, dejando expuesta su erección.
— Alguien está feliz de verme –rió
Tomó el miembro entre sus manos y le brindó besos en toda su extensión, presionaba la base y lo golpeteaba contra su lengua. Finalmente lo introdujo todo en su boca. Chupando, lamiendo, besando, mordisqueando, acariciando… era tan delicioso y tan imposible de resistir.
— Frank… awww… mierda –gimió-. ¡Te quiero dentro mío carajo!
— Espera –presionó el glande y subió de nuevo a la boca de su amante, extrañaba esos labios rojos hinchados de tanto besar y otras cosas más-… ¿me decías?
— Te necesito dentro Frank –dijo sonrojándose
Frank rió y asintió. Condujo su pene hasta su entrada, no sin antes acariciárselo con la punta para que se relaje. Se introdujo en él provocándole un gemido de dolor. Esperó un rato a que se acostumbren y comenzó sus movimientos acompasados. Ambos gemían a la par. Las embestidas aumentaron. Inhalaban. Exhalaban. Su respiración no tardó en agitarse más de lo que ya estaba. Gerard rasguñaba su espalda de vez en cuando. Se asió fuertemente a los brazos de Frank con mirada suplicante. Él entendió y aumentó el ritmo, llegando más profundo. Gerard arqueaba su espalda de placer aferrándose de las sabanas e inició sus movimientos pélvicos al compás de los de Frank. Este lo atraía más a su cadera masturbándolo rítmicamente. Alcanzaron el nirvana juntos, un orgasmo perfecto y con una última embestida se corrieron. Gerard manchó el tatuado pecho de Frank y este dejó un tibio líquido dentro de él. Estaban rendidos, sus pechos subían y bajaban vertiginosamente, sus respiraciones agitadas, sus cabellos húmedos, sus labios rojos fundiéndose en un beso apasionado. Cayeron pesadamente sobre la cama.
— Eres perfecto –le halagó Gerard corriendo un mechón de su pelo que caía salvaje en su rostro-. Eres fabuloso. Eres el mejor. Te amo
— Ese fue el cumplido mas gay que he escuchado –rió y le beso la punta de la nariz-, eres lo mejor que me sucedió en mi puta vida. La razón por la que sigo viviendo. Odio profundamente el día que la conociste, el día que se casaron, el día del anuncio de su embarazo. Te odié como nunca te había odiado, ese día tus promesas de amor se esfumaron, desaparecieron, se hicieron añicos. Creí que no volvería a tenerte nunca más así
— Pero aquí me tienes. Aquí estoy. Frank, si hay algo que odié fue que te alejaras de mí. No pude tenerte lejos, intenté por todos los medios olvidarte pero solo te tenía más aquí dentro –dijo señalándose la sien- y aquí –se tocó el pecho.- En ese momento supe que eras la razón de mi existencia, la razón por la cual mandaría todo al carajo. Hermoso, olvídate de eso ahora ¿sí? Estamos juntos como queremos –lo envolvió en sus brazos-. Disfrutemos este momento por favor
— Nunca me dejes mi amor –dijo susurrándole al oído, rozando con la punta de su nariz su cuello
— ¿Cómo dejarte si te llevo conmigo? Nunca he podido arrancar tu corazón de mi corazón
Quedaron en silencio, extasiándose con la respiración del otro sobre sus cuerpos. Besándose de manera desenfrenada…
***
“…Y después de lo prohibido cada uno a su hogar…”
— ¿Te alcanzo a tu casa?
— ¿Quieres?
— Solo para estar más tiempo junto a ti
— Seguro
Subieron al auto y partieron. Iban proyectando su próximo encuentro. Lugar, día, hora… Frank iba recostado en el asiento, como un niño pequeño mirando aburrido el sinfín de árboles y cableado eléctrico.
Llegaron a la casa de Iero donde su mujer lo esperaba. Bajo, no sin antes darle un corto beso en los labios y un ‘hasta el domingo mi amor, tal vez volvamos a vernos.’ Gerard vio como se metía a la casa y condujo hasta la suya. Se sentía devastado al ver a la “señora Iero” recibirlo tan jubilosamente. Encendió el radio, buscaba algo que lo llevara lejos. Necesitaba despejar su cabeza.
De pronto esa canción comenzó… Y no tardo en hacerse sentir. Subió el volumen a más no poder solo para escuchar esa letra que tanto le recordaba la picardía en la que estaba metido. Gerard solo seguía con su mirada fija en el camino. Inquieto, vacío. Por dentro quería llorar. Esa canción era él. Ese hombre lo describió perfectamente. Llegó a su casa, estacionó y volvió de nuevo a su vida. Esperando con ansias a que llegara el domingo.




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